La NASA lanza el telescopio que promete responder los mayores misterios del universo: por qué será una misión histórica

El Telescopio Espacial Nancy Grace Roman se prepara para protagonizar el próximo 30 de agosto una de las misiones científicas más importantes de la década.

Aunque su lanzamiento quedará parcialmente eclipsado por el programa Artemis y el regreso de los astronautas a la Luna, este observatorio de la NASA aspira a responder algunos de los mayores enigmas de la astronomía: qué son la energía y la materia oscura, cómo evolucionó el universo desde sus primeras etapas y si existen esferas aún desconocidas en las periferias de la Vía Láctea.

Su espejo principal de 2,4 metros posee un tamaño comparable al del Hubble, pero incorpora una cámara de campo amplio que multiplica la superficie del cielo observada en cada imagen. Esa combinación permite registrar millones de galaxias, estrellas y otros objetos celestes en una sola toma, algo imposible para generaciones anteriores de telescopios espaciales.

Esta capacidad convierte a Roman en un gran cartógrafo del universo. El observatorio podrá explorar grandes regiones del cielo hasta 1.000 veces más rápido que el Hubble sin perder sensibilidad ni resolución en el infrarrojo. El resultado acelerará investigaciones que antes requerían años de observaciones y permitirá detectar fenómenos demasiado escasos o débiles.

La tecnología que mueve la máquina

Las claves de Roman.

Según el modelo cosmológico más aceptado, el universo nació hace unos 13.800 millones de años con el Big Bang. Después de una rápida expansión inicial, la gravedad comenzó a desacelerar ese proceso. Sin embargo, hace unos 5.000 millones de años la expansión empezó a acelerarse de nuevo, impulsada por un fenómeno aún desconocido llamado energía oscura.

Aunque su naturaleza sigue siendo un misterio, los científicos estiman que la energía oscura representa el 70% del universo, mientras que la materia oscura el 27%. Esta última no puede observarse pero su gravedad mantiene unidas galaxias y cúmulos. La materia ordinaria, de la que están formados el Sol, los planetas y todos los seres vivos, representa apenas el 5%.

La prioridad científica de Roman es investigar la fuerza que impulsa la expansión del universo. Para ello cartografiará millones de galaxias y observará miles de supernovas, datos que permitirán medir ese proceso con mayor exactitud y comprobar si las teorías actuales explican correctamente la evolución del cosmos.

La misión también ampliará de forma drástica el censo de exoplanetas. Gracias a las microlentes gravitacionales y a sus observaciones en el infrarrojo, descubrirá miles de mundos, incluidos mundos rocosos similares a la Tierra y cuerpos errantes sin estrella. Esa información permitirá determinar si la arquitectura del Sistema Solar constituye un modelo habitual en la galaxia o una excepción.

Además de observar objetos permanentes, Roman seguirá los fenómenos más violentos y efímeros. Detectará decenas de miles de explosiones estelares y otros eventos extremadamente raros, algunos nunca confirmados de forma definitiva. Ese registro permitirá comprender mejor el ciclo de vida de las estrellas y estudiar procesos físicos imposibles de reconstruir con las observaciones actuales.

Tras más de diez años de desarrollo y una inversión superior a los 4.000 millones de dólares, el Telescopio Espacial Nancy Grace Roman entra en su recta final. La misión superó revisiones técnicas, ajustes presupuestarios y numerosos desafíos logísticos. La validación definitiva de su espejo principal confirma que el observatorio está preparado para el lanzamiento.

Una figura decisiva de la astronomía

Nancy Grace Roman fue  un primera astrónoma jefe de la NASA. Falleció en 2018 (NASA).

El telescopio lleva el nombre de Nancy Grace Roman, la astrónoma que abrió el camino para convertir a la NASA en una potencia. Su visión impulsó el desarrollo de grandes observatorios orbitales y sentó las bases de una nueva forma de explorar el cosmos. Décadas después, el dispositivo que la homenajea continúa esa búsqueda con la mirada puesta en preguntas que todavía no encuentran respuesta.

Los dos instrumentos principales del observatorio son el Wide Field Instrument y el Coronagraph Instrument. El primero realiza observaciones infrarrojas de enorme cobertura y alta resolución; el segundo ensaya tecnologías ópticas avanzadas destinadas a bloquear la luz estelar para observar exoplanetas de manera directa.

El Wide Field Instrument incorpora dieciocho detectores infrarrojos que permiten captar objetos extremadamente débiles distribuidos sobre superficies inmensas del cielo. El resultado rompe una limitación histórica de la astronomía espacial: la necesidad de elegir entre profundidad o cobertura. Roman alcanza ambas cualidades de manera simultánea y multiplica el volumen de información disponible.

El coronógrafo persigue un objetivo distinto pero igual de estratégico. Aunque actúa como demostrador tecnológico, abre el camino hacia futuras misiones capaces de fotografiar planetas similares a la Tierra alrededor de otras estrellas. Cada avance obtenido con este sistema contribuye al desarrollo de herramientas que podrían acercar una de las metas más ambiciosas de la astronomía moderna.

Dos telescopios hacia un mismo objetivo

Principales instrumentos del telescopio espacial James Webb.

Roman no compite con el Telescopio Espacial James Webb: ambos forman una dupla diseñada para explorar el universo. Mientras el primero analiza con un nivel de detalle extraordinario objetos puntuales, el otro actúa como un gran explorador del cielo, rastreando enormes regiones del firmamento para localizar galaxias, exoplanetas y fenómenos que luego serán examinados en profundidad.

La combinación genera una dinámica especialmente poderosa. Roman localiza estructuras remotas, lentes gravitacionales, supernovas y sistemas planetarios distribuidos en regiones inmensas del cielo. Después, Webb puede analizar esos hallazgos con capacidades espectroscópicas superiores. La cooperación incrementa el rendimiento científico de ambas misiones.

Tras despegar a bordo de un Falcon Heavy desde el Centro Espacial Kennedy, Roman emprenderá un viaje de varias semanas hasta el segundo punto de Lagrange del sistema Sol-Tierra, conocido como L2. Esta región, ubicada a 1,5 millones de km de la Tierra en dirección opuesta al Sol, alberga al James Webb y ofrece las condiciones ideales para desarrollar observaciones astronómicas de larga duración.

La elección responde a razones científicas. En L2, la atracción gravitatoria del Sol y la Tierra crea una región de equilibrio que permite al observatorio mantener una órbita estable con un gasto mínimo de combustible. Además, el Sol, la Tierra y la Luna permanecen siempre en la misma dirección, lo que facilita el uso de un único escudo térmico para proteger los instrumentos del calor y la luz.

Esta estabilidad mantiene el telescopio a temperaturas extremadamente bajas, reduce las interferencias y mejora la sensibilidad de sus detectores infrarrojos, indispensables para observar galaxias lejanas, exoplanetas y objetos muy débiles.

Fuente: www.clarin.com

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